Fumadores pasivos y riesgos para la salud

Entendemos por fumador pasivo a aquel individuo que aunque no consume tabaco directamente sí aspira sustancias tóxicas y cancerígenas procedentes del humo de su combustión que se encuentra en el ambiente. Por tanto, se corre un grave peligro para la salud, sobre todo en el caso de los niños, lo que ha llevado a las autoridades sanitarias a prohibir el consumo de tabaco en lugares públicos para proteger a las personas no fumadoras. Estas medidas se han intensificado en los últimos años, y hay países europeos en los que incluso está prohibido fumar en cualquier clase de establecimiento, incluidos bares y restaurantes.

A pesar de todas estas restricciones, en España todavía hay muchos lugares públicos donde se puede fumar, ya que la mayoría de establecimientos hosteleros han decidido permitir el uso del tabaco por miedo a perder clientela. Esto sigue suponiendo un gran inconveniente para los no fumadores, ya que se exponen a respirar el humo tóxico secundario generado por las personas que fuman. Este humo secundario proviene de la combustión misma del tabaco y del humo generado por los fumadores al exhalar; tiene unas cuatro mil sustancias químicas que causan innumerables enfermedades respiratorias, y entre las cuales, también las hay cancerígenas.

Por lo tanto, hay dos principales clases de fumadores pasivos: los niños, que están indefensos y no pueden evitar serlo, y los adultos, que deben ser conscientes de los peligros que corren al aspirar el humo del tabaco de forma involuntaria. Incluso antes de nacer, un niño puede estar expuesto a los peligros del tabaco, tanto si la madre es fumadora, como si lo es el padre, o si bien ella está viviendo en un entorno de fumadores. Los efectos del tabaco en estos pequeños pueden dar lugar a malformaciones, nacimientos prematuros y peso anormalmente bajo al nacer. Cuando el niño se cría en un ambiente con humo de tabaco tiene más riesgo de contraer enfermedades que uno que lo hace en un ambiente limpio, como por ejemplo infecciones respiratorias o de oído, asma y alergias. Además, tiene muchas más probabilidades de desarrollar un hábito y más tarde una dependencia del tabaco, al haber estado desde el primer momento de su vida aspirando humo intoxicado.

Una persona no fumadora cuya pareja lo sea, tiene un 25 % más de posibilidades de contraer un cáncer de pulmón, y también otras patologías relacionadas con el tabaco, como enfermedades vasculares. Muchas personas creen que ventilando la habitación puede eliminarse el efecto del humo del tabaco; en principio puede paliarse el olor, pero sólo se eliminan parcialmente los elementos químicos que desprende el humo, ya que el aire seguirá viciado durante un tiempo. Es por eso, que el término fumador pasivo todavía no tiene la relevancia que se merece, ni mucha gente es consciente del peligro que corren cuando lo son. No sólo se trata de que el humo del tabaco moleste por el olor, irrite los ojos o se impregne en la ropa y el pelo, sino que representa una auténtica amenaza para la salud. El no fumador debe hacer respetar sus derechos para evitar ser víctima de enfermedades típicas de los fumadores, que cada año se cobran más víctimas entre los consumidores involuntarios de tabaco.

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