¿Vapear es lo mismo que fumar?

Dejémoslo claro desde la séptima palabra: no. Vapear y fumar sólo tienen en común el gesto de llevarse algo a la boca con las manos. Fumar y vapear se parecen tanto como acercarse un cigarrillo a los labios y comer pipas o lamer un chupa-chups, por poner un par de ejemplos.

Es cierto que contra las afirmaciones del párrafo anterior pueden oponerse, al menos, 2 argumentos: el primero se refiere a que repetimos el gesto del fumador, de modo que, si no logramos abandonar el hábito, estaremos «fumando».

El gesto no hace al hábito

Ante esto, cabe reponer que no se puede decir que si nos inyectamos las sustancias que nos deja el cigarrillo en sangre estemos fumando, por más que no estemos repitiendo el gesto. Es bueno diferenciar el gesto o hábito, componente importante de la adicción, no la adicción en sí.

El segundo argumento a favor de que fumar y vapear son lo mismo lo aportan quienes dicen que el líquido de vapear incorpora nicotina. Una verdad a medias, por cierto, ya que sólo algunos de esos líquidos tienen trazas de tal droga y sólo quien es incapaz de dejarla de golpe compra los líquidos con ella.

Una sustancia nociva de cuatro… Y es opcional

El líquido posee apenas 4 componentes, de los cuales sólo el opcional es nocivo. En un cigarrillo «analógico» nos tragamos cerca de 4000 sustancias venenosas, queramos o no. Dicho de otro modo: fumamos monóxido de carbono potenciado con drogas y venenos; vapeamos vapor de agua de sabor alterado. ¿De verdad podemos creer que es lo mismo?

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